El Zarco
El Zarco —Es Nicolás —dijo la señora—; ve a abrirle, Pilar.
La humilde joven, todavÃa confusa y encarnada, quitó apresuradamente de sus cabellos la guirnalda de azahares y la colocó en el banco.
—¿Por qué te quitas esas flores? —le preguntó Manuela arrojando a su vez apresuradamente las rosas y caléndulas que se habÃa puesto.
—Me las quito porque son flores de novia, y yo no soy aquà la novia •respondió tristemente, aunque un poco picada, Pilar—. Y tú, ¿por qué te quitas las tuyas?
—Yo, porque no quiero parecer bonita a ese indio, hombre de bien, que merece un relicario.
Pilar fue a abrir la puerta, con todas las precauciones que se tomaban en ese tiempo en Yautepec.