El Zarco
El Zarco Obligadas las tropas liberales, por un error lamentable y vergonzoso, a aceptar la cooperación de estos bandidos en la persecución que hacÃan al faccioso reaccionario Márquez en su travesÃa por la tierra caliente, algunas de aquellas partidas se presentaron formando cuerpos irregulares, pero numerosos, y uno de ellos estaba mandado por el Zarco. Entonces, y durante los pocos dÃas que permaneció en Cuernavaca, fue cuando conoció a Manuela, que se habÃa refugiado con su familia en esa ciudad. El bandido ostentaba entonces un carácter militar, sin dejar por eso los arreos vistosos que eran como caracterÃsticos en los ladrones de aquella época y que les dieron el nombre de plateados, con el que fueron conocidos generalmente.
La hermosa joven, cuyo carácter parecÃa estar en armonÃa con el del bandido, al ver pasar frente a sus ventanas aquel cuerpo de gallardos jinetes, vistosos y brillantes, y al frente de ellos, montado en soberbio caballo y cargado de plata hasta el exceso, al joven y terrible bandido, cuyo nombre no habÃa sonado en su oÃdo sino con el acento del terror, se sintió atraÃda hacia él por un afecto en que se mezclaban la simpatÃa, la codicia y la vanidad como en punzante y sabroso filtro.