El sobrino de Dios
El sobrino de Dios Una noche, mientras miraba el cielo desde su ventana, se preguntó en voz alta:
—¿Y si realmente soy el sobrino de Dios?
El silencio de la noche fue su única respuesta. Pero en el fondo, sabÃa que ese silencio no detendrÃa las expectativas del pueblo. Estaba atrapado en un papel que nunca pidió, con un peso que lo aplastaba cada vez más.
Purito habÃa intentado ignorar las absurdas expectativas que el pueblo depositaba en él, pero los eventos parecÃan conspirar para convencerlo de que quizá, solo quizá, habÃa algo más en su existencia. Todo comenzó con una tormenta inesperada.
Era una tarde gris, con nubes amenazando con desgarrar el cielo. Purito estaba en la cocina, distraÃdo, cuando su madre irrumpió.
—Purito, mira eso —dijo señalando la ventana—. Se viene una tormenta tremenda.
El viento aullaba, y las ramas de los árboles se sacudÃan como si fueran a quebrarse. Lola, presa de un pánico supersticioso, agarró a su hijo por los hombros.
—Hijo, reza. PÃdele a tu TÃo que nos proteja.
Purito frunció el ceño, confundido. —¿Qué? Mamá, no tiene sentido. Es solo una tormenta.
