Los amantes de Praga
Los amantes de Praga Pero ella sabía que no era cierto.
Josef desapareció entre la multitud. La guerra se cerró sobre Praga como una garra.
Los días se convirtieron en sobrevivir. Su padre, despojado de su negocio, pasó de ser un hombre de prestigio a un prisionero en su propia casa. El rumor del gueto empezó a convertirse en una certeza. Y una noche, cuando el estruendo de botas llenó su calle, comprendió que ya no había escapatoria.
Los soldados entraron como una sombra sobre su mundo. No hubo explicaciones, solo gritos y empujones. Su madre apretó su mano con fuerza mientras los llevaban fuera de su hogar, fuera de su vida.
Lenka miró por última vez la puerta de su infancia.
Luego, el camión los tragó, y la ciudad se desvaneció tras una cortina de polvo.
El viaje fue una prueba de resistencia. Hacinados en un vagón de ganado, rodeados de llanto y silencio, su única realidad era el traqueteo de los rieles y el olor rancio del miedo.
Llegaron a Terezín al amanecer.
Una fortaleza convertida en gueto. Calles llenas de rostros hundidos, edificios grises donde el frío y el hambre se mezclaban con la desesperación.
—No olvides quién eres, Lenka —susurró su madre, antes de que las separaran.