Corazón
Corazón —¡Tú eres el que debes perdonarme! —respondió el padre, sollozando y cubriéndole de besos la frente—. Lo he comprendido todo, lo sé todo, ¡por eso te pido perdón, santo hijo mÃo! ¡Ven, ven conmigo! —y le empujó, o más bien le llevó a la cama de su madre, que estaba despierta; se lo echó a sus brazos y le dijo:
—¡Besa a este ángel de hijo, que desde hace tres meses no duerme y trabaja por mÃ, y al que he entristecido cuando nos ganaba el pan!
La madre lo abrazó fuertemente contra su pecho, sin poder articular palabra; después le dijo:
—¡Vete a dormir y a descansar, hijo mÃo! ¡Llévalo a la cama!
El padre lo tomó en brazos, lo llevó a su habitación, lo acostó, acariciándole, y le arregló las almohadas y la ropa.
—Gracias, padre —repetÃa el hijo—, gracias; pero acuéstate; ya estoy contento; vete a la cama, papá.
Mas su padre querÃa verle dormido; sentose junto a él, le tomó la mano y le dijo:
—¡Duerme, duerme, hijo mÃo!