Corazón
Corazón Ella no hacía caso y se arrancaba los cabellos. Oigo en esto una voz indignada que dice:
—¡Te ríes!
Era un hombre con barba que miraba cara a cara a Franti, el cual seguía sonriendo. El hombre, entonces, de un cachetazo le arrojó la gorra al suelo, diciendo:
—¡Descúbrete, mal nacido! ¡Pasa un herido del trabajo!
Toda la multitud había pasado ya, y se veía en la calle un largo reguero de sangre.