Corazón
Corazón El maestro, pálido, subió al estrado y con voz alterada preguntó:
—¿Quién ha sido?
Nadie respondió.
El maestro preguntó, levantando más la voz:
—¿Quién ha sido?
Entonces Garrone, sintiendo compasión del pobre Crossi, se puso de pie y dijo con resolución:
—Un servidor.
El maestro le miró y nos miró a todos, que estábamos pasmados, y luego replicó con voz tranquila:
—No has sido tú.
Pasado un momento añadió:
—El culpable no será castigado. ¡Que se levante!
Crossi se levantó y dijo entre sollozos:
—Me pegaban y me insultaban, perdí la cabeza y tiré…
—Siéntate —dijo el maestro—. ¡Qué se pongan de pie los que le han provocado!
Cuatro se levantaron con la cabeza gacha.
—Vosotros —dijo el maestro— habéis insultado a un compañero que no os provocaba; os habéis burlado de un desgraciado y pegado a un débil que no podía defenderse. Con vuestro proceder habéis cometido una de las acciones más ruines y vergonzosas con que se puede manchar una criatura humana. ¡Cobardes!