Corazón
Corazón Dicho esto, se fue, y el maestro dijo, sonriéndose:
—De manera que tú, Coraci, eres el designado por Calabria.
Todos aplaudimos entonces, sin parar de reírnos, y cuando estuvimos en la calle, rodeamos a Coraci; algunos le cogieron por las piernas, lo alzaron y lo llevaron como en triunfo, gritando:
—¡Viva el diputado de Calabria!

¡VIVA EL DIPUTADO DE CALABRIA!
Era, naturalmente, una broma, pero sin ningún sabor a escarnio, sino todo lo contrario, para demostrarle afecto, pues es un chico al que todos queremos; y él se sonreía de satisfacción.
Así lo llevaron hasta la esquina, donde se encontraron con un señor de barba negra, que también se echó a reír. Al decir el calabrés que era su padre, los otros le dejaron a su lado y se esparcieron en todas direcciones.