Corazón
Corazón En cuanto entré con mi familia en el palco que nos correspondía, vi en otro de enfrente a la maestrita de la pluma roja, con sus graciosos hoyuelos, que se reía, y con ella a la maestra de mi hermano, así como a la «monjita», vestida de negro, y mi maestra de primero superior; pero la pobre estaba tan pálida y tosía tan fuerte, que se le oía desde todas partes. En el patio de butacas distinguí enseguida la simpática cara de Garrone y la pequeña cabeza rubia de Nelli, que estaba muy pegado a él. Algo más allá vi a Garoffi, con su nariz de lechuza, que se afanaba para recoger listas impresas de los que iban a recibir el premio, y ya tenía un buen fajo de ellas, seguramente para alguno de sus negocios… Mañana lo sabremos. Cerca de la puerta se hallaba el vendedor de leña juntamente con su mujer vestidos de fiesta, al lado de su hijo que con no pequeño asombro mío no llevaba la gorra de piel de gato ni el jersey color chocolate, sino que estaba trajeado como un señorito. En una galería vi unos instantes a Votini, con su gran cuello bordado, pero enseguida desapareció. En un palco de proscenio, lleno de gente, estaba el capitán de Artillería, padre de Robetti, el de las muletas.