Corazón
Corazón Vimos avanzar al hijo del capitán de ArtillerÃa, apoyándose en sus muletas. Cientos de muchachos conocÃan el hecho heroico y al momento corrió la noticia por el inmenso salón estallando una salva de aplausos y de vÃtores que hizo temblar las paredes; los hombres se pusieron de pie, las señoras empezaron a agitar sus pañuelos, y Robetti se detuvo en medio del escenario aturdido y tembloroso… El señor Alcalde, le puso junto a sÃ, le entregó el premio, le dio un beso, y, sacando del respaldo del sillón la coronita de laurel, se la puso en la almohadilla de la muleta… Después lo acompañó hasta el palco del proscenio donde estaba el capitán, su padre, quien lo tomó y subió en vilo al interior, en medio de vÃtores y aclamaciones. Entretanto continuaba la suave y grata música de los violines y seguÃan desfilando los chicos premiados: los del grupo de la Consolata, en su mayorÃa hijos de comerciantes; los del grupo de «Vanquiglia», hijos de trabajadores; los del grupo de «Boncompagni», muchos de ellos hijos de agricultores; los de la escuela «Ranieri», que fue la última.
En cuanto terminó el reparto de premios, los setecientos chicos de las butacas entonaron una canción muy bonita; después habló el señor Alcalde y a continuación el Secretario, que terminó diciendo: