Corazón
Corazón En aquel momento llegó un coche; de él saltaron inmediatamente cuatro bomberos, los primeros que se encontraron en el Ayuntamiento, y se precipitaron al interior del edificio siniestrado.
Apenas habían entrado, vimos algo horroroso: una mujer se asomó, gritando, por una ventana del tercer piso; se agarró al antepecho, saltó y luego quedó colgando, como suspendida en el vacío, con la espalda fuera, encorvada bajo el humo y las llamas, que, saliendo de la habitación, casi le tocaban la cabeza.
La multitud lanzó un grito de horror. Los bomberos, que por equivocación se habían detenido en el segundo piso, requeridos por los aterrorizados inquilinos, habían derribado ya una pared, introduciéndose en un apartamento, cuando cientos de gargantas les gritaban:
—¡Al tercer piso! ¡Al tercer piso!