Corazón
Corazón El Director llamó al bedel y lo mandó al aula. Un minuto después llegó Garrone, muy extrañado, a la puerta. Apenas lo vio, salió la señora a su encuentro, le echó los brazos al cuello, le dio muchos besos en la frente y le dijo:
—¿¡Eres tú Garrone, el amigo de mi hijo, su protector!?
Después buscó precipitadamente en sus bolsillos y en su bolso y, no encontrando nada, se quitó del cuello una cadenilla con una crucecita y se la puso a Garrone por debajo de la corbata, diciéndole:
—Tómala, llévala en recuerdo mío, querido niño, en recuerdo de la madre de Nelli, que te da un millón de gracias y te bendice.