Corazón
Corazón Luego nos hemos puesto a jugar con palitos. Tiene una habilidad extraordinaria para hacer torres y puentes, que parece no se caen de milagro; trabaja en eso muy serio y con la paciencia propia de un hombre. Entre una y otra construcción me ha ido hablando de su familia: viven en una buhardilla; su padre va a la escuela de adultos, de noche, para aprender a leer; su madre es de Biella. Deben quererle mucho, porque, aunque va vestido pobremente, está bien resguardado del frío con ropa cuidadosamente remendada y el lazo de la corbata hecho con exquisito gusto. Me ha dicho que su padre es un hombretón, un gigante que apenas cabe por las puertas, pero bonachón; acostumbra a llamar a su hijo «hocico de liebre»; él, por el contrario, es más bien bajo para la edad que tiene.