El Improvisador
El Improvisador Feliz, deposité cálidos besos sobre las almohadas, mas con la alegrÃa del amor creció también mi acritud hacia Bernardo. Me irrité conmigo mismo por no tener más temperamento, más Ãmpetu y más cólera; ahora disponÃa de cien espléndidas respuestas que habrÃa debido darle la última vez que me trató como a un niño, cada una de sus pequeñas ofensas seguÃan vivas en mi recuerdo. Por primera vez sentà de verdad la sangre hervir en mis venas, una seria determinación, los sentimientos más nobles y puros mezclados con una repulsiva cólera me privaron del sueño. Sólo de madrugada conseguà dormitar un poco, pero aquello me dio fuerzas y desperté con el corazón más ligero; avisé al custode de la llegada de unas damas forasteras que querÃan visitar la galerÃa, y acudà a casa de Annunziata. Los tres fuimos en el carruaje hasta el Palazzo Borghese.