El Improvisador
El Improvisador Los campesinos de Rocca di Papa. La guarida de ladrones. Las Parcas de mi vida
¡Ama a Bernardo! resonó en lo más profundo de mi corazón; era el dardo de la muerte, que vertÃa veneno por toda mi sangre, me hacÃa escapar e incluso ahogaba la voz que gritaba: Has matado a tu hermano y amigo.
Instintivamente corrà entre arbustos y matorrales, trepé muros que rodeaban las viñas de la montaña. La cúpula de San Pedro brillaba muy alta en el cielo; asà brillaba también el fuego en los altares de CaÃn y Abel cuando el asesino corrÃa para escapar.
Anduve errante durante varias horas sin interrupción; no me detuve hasta llegar al amarillento TÃber, que me cortaba el camino; desde Roma hasta el Mediterráneo no encontrarÃa puente ni barca que pudieran llevarme hasta el otro lado. Aquel obstáculo inesperado fue una cuchillada que por un instante rajó el gusano que me corroÃa el corazón, pero pronto volvió a crecer de nuevo, y sentà con redoblada fuerza mi desdicha.
A sólo unos pocos pasos de mà estaban las ruinas de una tumba, algo mayor que aquélla en la que habÃa vivido con la vieja Domenica, aunque más arruinada. Junto a los bloques de piedra caÃdos vi tres caballos trabados, comÃan del saco de forraje que llevaban bajo el cuello.
