El Improvisador
El Improvisador El viaje a Paestum. Los templos griegos. La niña ciega
La inmensa belleza de Italia no se halla en la Campiña y en Roma, yo sólo la conocÃa por mi paseo en el Lago Nemi y por lo que habÃa visto durante mi viaje a Nápoles, por eso me sentÃa doblemente impresionado por su espléndida majestuosidad, más aún que el extranjero que conoce la belleza de otros paÃses y puede hacer comparaciones. Como un mundo de hadas de los que he visto en sueños, en los que he vivido, incluso, se presenta en mi memoria la excursión de aquel dÃa, pero ¿cómo expresar la imagen que impregnó mi alma y que recorrió mi sangre toda?
Las bellezas naturales nunca pueden transmitirse en un relato. Porque las palabras, como las teselas de un mosaico, se siguen una a otra, el cuadro completo se va componiendo pieza a pieza, no se capta, como en la naturaleza, la gran unidad del conjunto; y siempre falta algo. Se proporcionan las diversas partes y se deja que el forastero componga el conjunto; si se pudiera ver en cientos de personas el cuadro que se han formado, todos mostrarÃan grandes variaciones. Con la naturaleza sucede como con un rostro bello, señalar sus particularidades no permite captar el conjunto, se hace preciso apelar a un objeto conocido y sólo cuando se pueda decir, con certeza matemática, que se parecen en este o ese detalle, surgirá un concepto relativamente satisfactorio.
