El Improvisador
El Improvisador Todo era una gran llanura, pero de feraz verde, igual que las ciénagas pontinas. Los altos sauces llorones colgaban como grandes cascadas sobre los canales, alrededor se alzaban altares con sagradas imágenes de la Madonna, algunas descoloridas ya por el tiempo, incluso las paredes sobre las que estaban pintadas eran pura ruina, pero en algunos lugares aparecÃan también imágenes recién pintadas de la Madre y el Niño. Me di cuenta de que el cochero se levantaba el sombrero únicamente ante las nuevas, y que parecÃa no darse cuenta siquiera de la presencia de las viejas y despintadas. Aquello me impresionó más de lo normal. ¡Tal vez le daba más significado del que tenÃa realmente! Incluso lo santo, lo puro, el retrato de la Madonna misma, eran olvidados y pasados por alto porque sus colores terrenales habÃan perdido su lustre.