Proyecto Hail Mary (Proyecto Fin del Mundo)
Proyecto Hail Mary (Proyecto Fin del Mundo) Abro la pantalla de la centrifugadora. Parpadea en rojo y blanco, todavÃa enfadada por las excesivas volteretas que está sufriendo la nave. Con esfuerzo, ignoro la advertencia y entro en modo manual. Hay un montón de diálogos, de «cuidado, no lo hagas», pero los desestimo todos. Pronto tengo control directo sobre las bobinas de cable. Las pongo a girar a máxima velocidad.
La sala gira y se inclina de maneras extrañas. Mis oÃdos internos y mis ojos no están disfrutando de la discrepancia. Sé que es porque las dos mitades de la nave se están separando y eso tiene efectos desagradables sobre las fuerzas que siento aquà en la sala de control. Pero la lógica no me sirve de nada en esta situación. Giro la cabeza y vomito en la pared.
Al cabo de unos pocos segundos, la fuerza se reduce drásticamente. Ahora es mucho más soportable. Menos de 1 g, en realidad. Todo gracias a la magia del cálculo centrÃfugo.
La fuerza que sientes en una centrifugadora es inversamente proporcional al cuadrado del radio. Al desenrollar los cables, he hecho que el radio pasara de 20 metros (la mitad de la distancia de la nave) a 75 metros (la distancia de la sala de control al centro de masa con el cable completamente extendido). No sé cuánta fuerza estaba experimentando antes, pero ahora es de una catorceava parte de lo que era. Calculo alrededor de medio g. Puedo respirar otra vez.