Quédate conmigo...
Quédate conmigo... Esa noche, mientras Cody dormÃa y la ciudad se silenciaba, Kate miró el papel una y otra vez, debatiéndose entre el impulso de llamar y el miedo a lo que podrÃa significar. Pero la curiosidad, esa chispa que ella creÃa extinguida, fue más fuerte.
Con manos temblorosas, marcó el número.
—¿Hola? —dijo una voz familiar al otro lado.
—Soy Kate... del metro.
Hubo una pausa, y ella casi se arrepintió, pero entonces él habló.
—SabÃa que llamarÃas.
—¿Ah, s� ¿Y por qué estás tan seguro?
—Porque parece que ambos estamos buscando algo.
El tono de Jack era directo, casi desafiante, pero habÃa una calidez inesperada en sus palabras. Kate sintió cómo se formaba un nudo en su estómago.
—¿Y qué buscas tú?
—La verdad —respondió.
La lÃnea quedó en silencio por un instante que se sintió eterno. Kate supo en ese momento que no se trataba de una simple conversación. Ese hombre, ese Jack, era una puerta hacia un lugar al que no estaba segura de querer ir, pero que tampoco podÃa ignorar.
El encuentro casual se habÃa convertido en algo más, un imán que la atraÃa hacia lo desconocido.
