Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai Nosotros (siete representantes extranjeros) fuimos invitados a presenciar el testimonio japonés en el hondo o sala principal del templo, donde iba a tener lugar la ceremonia. Era un escenario imponente. Una gran sala con un techo alto sostenido por pilares de madera oscura. Del techo colgaban un gran número de enormes lámparas doradas y adornos propios de los templos budistas. Delante del altar mayor, donde la superficie, cubierta con preciosas esteras blancas, se eleva unos diez centímetros del suelo, se dispuso una alfombra color escarlata. Velas altas colocadas a intervalos regulares daban una misteriosa luz tenue, suficiente para permitir observar todo el proceso. Los siete japoneses ocuparon su lugar a la izquierda de la tarima elevada, los siete extranjeros, a la derecha. No había nadie más presente.