Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai Por lo que esta era la enseñanza del bushido: soportar y enfrentarse a todas las calamidades y adversidades con paciencia y una conciencia pura; ya que, como Mencio[295] enseñó: «Cuando el cielo está a punto de conferir un gran oficio a alguien, primero ejercita su mente con sufrimiento y sus nervios y huesos con esfuerzo; expone su cuerpo al hambre y lo somete a la pobreza extrema, y confunde sus compromisos. De todas estas formas estimula su mente, fortalece su naturaleza y suple sus incompetencias». El verdadero honor radica en cumplir el decreto del cielo, y ninguna muerte ocasionada al hacerlo es ignominiosa, ¡mientras que la muerte para evitar lo que el cielo nos depara es realmente cobarde! En ese curioso libro de sir Thomas Browne[296], Religio Medici, hay un equivalente exacto en inglés de lo que se enseña reiteradamente en nuestros preceptos. Permitidme citarlo: «Es un valiente acto de valor menospreciar la muerte, pero cuando la vida es más terrible que la muerte, entonces el valor más auténtico es atreverse a vivir». Un destacado sacerdote del siglo XVII observó satíricamente: «Diga lo que diga, un samurái que nunca ha muerto es propenso en los momentos decisivos a huir u ocultarse»[297]. Y de nuevo: «El que una vez murió en lo más profundo de su seno, ninguna lanza de Sanada ni todas las flechas de Tametomo pueden atravesar»[298]. ¡Cuán cerca llegamos a las puertas del templo cuyo Creador enseñó: «El que pierda su vida por mí, ¡la encontrará!»[299]! Son solo algunos de los numerosos ejemplos que tienden a confirmar la identidad moral de la especie humana, a pesar del constante intento de hacer que la distinción entre cristianos y paganos siga siendo tan grande como sea posible.