Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai En la venganza hay algo que satisface el sentido de justicia de cada uno. El vengador razona: «Mi buen padre no merecía morir. El que lo mató hizo un gran mal. Mi padre, si estuviera vivo, no toleraría semejante acción: el cielo mismo odia las malas acciones. Es la voluntad de mi padre, es la voluntad del cielo que el causante del mal deje de actuar. Debo matarlo; porque derramó la sangre de mi padre, yo, que soy su carne y su sangre, debo derramar la sangre del asesino. El mismo cielo no nos amparará a él y a mí». El raciocinio es simple e infantil (aunque sabemos que el razonamiento de Hamlet no era mucho más profundo); no obstante, muestra un sentido innato de equilibrio exacto y justicia equitativa. «Ojo por ojo, diente por diente»[302]. Nuestro sentimiento de venganza es tan exacto como nuestra capacidad matemática, y hasta que se resuelvan ambos términos de la ecuación no podemos evitar pensar que queda algo por hacer.