Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai «Todos los días se nos dice cómo Europa ha influido en Japón, y olvidamos que el cambio en esas islas fue totalmente autogenerado, que los europeos no enseñaron a Japón, sino que Japón decidió que quería aprender de Europa métodos de organización, civil y militar, que hasta la fecha, han dado buenos resultados. Importó la ciencia mecánica europea, igual que los turcos importaron años atrás la artillería europea. Esto no es exactamente influencia —continúa Townsend—, a menos que, de hecho, el Reino Unido esté influenciado por la compra de té en China. ¿Dónde está el apóstol europeo? —pregunta nuestro autor—, ¿o filósofo, o estadista o agitador, que ha reconstruido Japón?»[385].
Townsend ha percibido correctamente que la fuente de acción que trajo los cambios a Japón se hallaba íntegramente dentro de nosotros mismos; y si hubiera explorado en nuestra psicología, su aguda capacidad de observación le habría convencido fácilmente de que esta fuente no era otra que el bushido. El sentido del honor, que no soporta que se le desprecie como una fuerza inferior, fue la motivación más poderosa. Las razones monetarias o comerciales surgieron posteriormente en este proceso de transformación.