Bushido, el código samurai

Bushido, el código samurai

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El amor, la magnanimidad, el afecto hacia los demás, la compasión y la piedad siempre se han reconocido como virtudes supremas, los atributos más apreciados del alma humana. Se consideraba una virtud principesca en un doble sentido: principesca entre las muchas atribuciones de un espíritu noble; principesca por ser particularmente apropiada para una profesión de príncipe. No necesitábamos a ningún Shakespeare para sentir, aunque quizá, como el resto del mundo, lo necesitábamos para que lo expresara, que la clemencia hace a un monarca mejor que su corona, que está por encima de su poder. ¿Con qué frecuencia repiten tanto Confucio como Mencio que la principal obligación de un gobernante es la benevolencia? Confucio diría: «Dejad que un príncipe cultive la virtud, el pueblo acudirá a él; con la gente vendrán las tierras; las tierras le traerán riqueza; la riqueza le dará el beneficio de los usos correctos. La virtud es la raíz, y la riqueza una consecuencia». De nuevo: «Nunca se ha dado un caso de un soberano que amara la benevolencia, y de un pueblo que no amara la rectitud»[102]. Mencio le sigue de cerca y dice: «Se tiene constancia de casos en los que los individuos alcanzaron el poder supremo en un solo Estado, sin benevolencia, pero nunca he oído que todo un imperio cayera en manos de alguien que careciera de esta virtud»[103]. Además, es imposible que alguien se convierta en gobernante de un pueblo que no le ha sometido su corazón. Ambos definen este requisito indispensable para un gobernante diciendo: «Benevolencia; la benevolencia es el Hombre»[104].


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker