Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai «¡Qué historia más atroz! —oigo que exclaman mis lectores—. ¡Padres que sacrifican voluntariamente la vida de su propio hijo inocente para salvar la vida de otro hombre!». Pero el niño era una vÃctima consciente y dispuesta: es la historia de una muerte subsidiaria, igual de significativa, y no más repulsiva que la historia de Abraham, que pretendÃa sacrificar a Isaac[216]. En ambos casos se trataba del cumplimiento del deber, la sumisión total a la orden de una voz superior, dada por un ángel visible o invisible, u oÃda por un oÃdo interno o externo; pero me abstengo de predicar.
El individualismo de Occidente, que reconoce intereses separados para padres e hijos, marido y mujer, necesariamente pone de relieve de manera inequÃvoca las obligaciones entre unos y otros; pero el bushido sostiene que el interés de la familia y de los miembros de la misma se mantenga intacto; uno e indisociable. Este interés está vinculado al afecto; natural, instintivo, irresistible. Por consiguiente, si morimos por alguien que amamos con un amor instintivo (un tipo de amor que los animales también poseen), ¿qué es eso? «Porque si amamos a los que nos aman, ¿qué recompensa obtenemos? ¿Acaso no hacen lo mismo los publicanos?»[217]-[218].