Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai Dado que el bushido, como Aristóteles[221] y algunos sociólogos modernos, concebÃan el Estado como preexistente al individuo, ya que este último nació del anterior como parte integrante del mismo; debe vivir y morir por él o por el titular de su autoridad legÃtima. Los lectores de Critón[222] recordarán el argumento con el que Sócrates presenta las leyes de la ciudad mientras le ruega que escape. Entre otras cosas, les hace decir (a las leyes o al Estado): «Dado que fuiste engendrado, criado y educado por nosotros, ¿acaso te atreverÃas una vez a decir que no eres nuestro descendiente y nuestro siervo, tú y ante tus padres?». Son palabras que a nosotros no nos impresionan demasiado; pero lo mismo ha sido durante mucho tiempo pronunciado por el bushido, con esta modificación, que las leyes y el Estado entre nosotros las representaba un ser personal. La lealtad es una consecuencia ética de esta teorÃa polÃtica.
No desconozco por completo la visión de Spencer según la cual la obediencia polÃtica —la lealtad— constituye únicamente una función transitoria[223]. Puede que asà sea. Basta a cada dÃa su propia virtud. Podemos repetirlo complacientemente, sobre todo porque creemos que ese dÃa es un espacio de tiempo largo, durante el cual, como dice nuestro himno nacional, «que los pequeños guijarros se conviertan en fuertes rocas cubiertas de musgo»[224].