Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid El obispo don Jerónimo, el buen cristiano sin tacha, por de día y por de noche a las tres damas guardaba, con un caballo a su diestra y otro detrás con sus armas.
Álvar Fáñez de Minaya a su lado le acompaña.
Ya se entran en Molina, villa rica y bien poblada.
Allí el moro Abengalbón les sirve y nada les falta.
De todo lo que quisieron no echaron de menos nada, y las mismas herraduras el moro las costeaba.
A las damas y a Minaya ¡Dios. cuánto que los honraba!
Otro día de mañana en seguida cabalgaban,
hasta la misma Valencia el moro los acompaña,
de lo suyo iba gastando, de ellos no tomaba nada.
Y con estas alegrías y estas noticias tan gratas ya están cerca de Valencia, a tres leguas mal contadas.
A Mío Cid de Vivar, que en buen hora ciñó espada, hasta dentro de Valencia un aviso le mandaban.
Tirada 85
El Cid envía gentes al encuentro de los viajeros Alegre se puso el Cid como nunca más ni tanto, de aquello que más quería la noticia le ha llegado.
A doscientos caballeros que salgan les ha mandado a recibir a Minaya y a las damas hijasdalgo.