Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid Después de puestos de acuerdo a la corte van los dos, hicieron callar a todos, Fernán González habló: “Nuestro Señor os bendiga, Mío Cid Campeador, pedimos a vuestra esposa, pedimos primero a vos y a Minaya y a los otros que están aquí alrededor que nos den nuestras mujeres, esposas por bendición, para llevarlas a aquellas tierras nuestras de Carrión: de lo que en arras les dimos tomaran ya posesión y así verán vuestras hijas las tierras que nuestras son, y que han de ser de los hijos que nos nazcan a los dos.”
No receló ningún mal Mío Cid Campeador:
“Llevadlas y de algo mío yo les haré donación; vosotros disteis por arras unas villas de Carrión, yo quiero darles ahora tres mil marcos de valor, y mulas y palafrenes que de buena talla son y unos veloces caballos de montar para los dos y trajes y vestiduras de oro y seda en profusión.
Os daré mis dos espadas, Colada y Tizona; no
olvidéis que las gané en el campo, a lo varón
si os entrego a mis hijas por hijos os tengo yo.
Para allá os me lleváis las telas de corazón.
Que sepan allí en Castilla y en Galicia y en León con qué riqueza tan grande hoy os despido a los dos.
Servid bien a mis dos hijas, que vuestras mujeres son, que si las sirviereis bién os daré buen galardón.”
A todo dicen que sí los infantes de Carrión.