Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid A los que van a luchar el Cid les amonestó.
“Martín Antolínez, Pedro Bermúdez vosotros dos oíd, tú, Muño Gustioz, mi buen vasallo de pro: estad firmes en la lucha, como cumple a buen varón, que buenas noticias vuestras en Valencia tenga yo”.
Dijo Martín Antolínez: “¿Por qué lo decís, señor?
Todo queda a nuestro cargo, cumpliremos la misión: quizá os hablen de muertos, pero de vencidos no”
Mucha alegría le da al que en buenhora nació.
De los que eran sus amigos de todos se despidió.
Para Valencia va el Cid, el rey va para Carrión.
Aquel plazo de las tres semanas ya se cumplió.
A su tiempo se presentan los tres del Campeador, van a cumplir el encargo que les diera su señor, los ampara don Alfonso, rey de Castilla y León.
Dos días esperan a los infantes de Carrión;
llegan bien provistos de armas y caballos; con los dos vienen todos sus parientes y entre todos se acordó que intenten llevar aparte a los del Campeador y matarlos en el campo deshonrando a su señor.
Muy mal propósito era, y ninguno lo emprendió
por el miedo que les daba don Alfonso, el de León.
Los del Cid velan las armas y rezan al Creador; ya se ha pasado la noche y apunta el primer albor; de ricos hombres allí un buen golpe se juntó, que quieren ver esta lucha en las vegas de Carrión.