Cantar de mío Cid
Cantar de mío Cid ¡Gran alegría que andaba por entre aquellos cristianos!
Al ir a contar sus bajas tan sólo quince faltaron.
Tanto oro y tanta plata no saben dónde guardarlo enriquecidos están todos aquellos cristianos con aquel botín tan grande que se habían encontrado.
Los moros que los servían al castillo se tornaron y aún mandó el Campeador que les regalaran algo.
Gran gozo tiene Ruy Díaz, con él todos sus vasallos.
Repartir manda el dinero y aquellos bienes ganados, en su quinta parte al Cid tocáronle cien caballos.
¡Dios, y qué bien que pagó Mío Cid a su vasallos, a los que luchan a pie y a los que luchan montados!
Muy bien que lo arregla todo Mío Cid el bienhadado, los hombres que van con él satisfechos se quedaron.
“Oídme, Álvar Fáñez Minaya, vos que sois mi diestro brazo: de todas esas riquezas que el Creador nos ha dado cuanto para vos queráis cogedlo con vuestra mano.
Para que se sepa allí, quiero a Castilla mandaros con nuevas de esta batalla que a moros hemos ganado.
Al rey don Alfonso, al rey que de Castilla me ha echado quiero hacerle donación de treinta buenos caballos, cada uno con su silla, todos muy bien enfrenados, todos con sendas espadas de los arzones colgando”.