Cantares de Ise
Cantares de Ise 97. Flor del cerezo, caída
Una vez hubo un personaje conocido como el ministro Jorikaua. En la fiesta que dio cuando cumplía cuarenta años, fiesta que se celebró en su mansión de la Novena Avenida, un coronel ya de edad madura le dedicó este cantar:
¡Flores del cerezo,
caed, anublad!
Que no se vea
dónde está el sendero
de la ancianidad.
98. Flor del ciruelo, desfasada
Una vez había un hombre que era Primer Ministro. Hacia el mes de octubre, uno de sus vasallos le regaló un faisán y una rama de ciruelos artificiales. Con el regalo iba esta dedicatoria:
Las flores que corto
para mi señor,
al que yo sirvo,
la estación desfasan
y están siempre en flor.
El ministro quedó tan complacido que al mensajero le hizo un obsequio.
99. Flor sin nombre, escondida
