Cantares de Ise
Cantares de Ise 17. Cerezo, flor de primavera
Nuestro hombre se pasó mucho tiempo sin visitar a una su amada. Un día, cuando habían florecido los cerezos, fue a visitarla y a ver las flores que resplandecían en el jardín. Ella recitó:
¡Ay, flor del cerezo,
que le achacan tanto
el ser fugaz,
y espera al que viene
una vez al año!
Él le contestó:
De no venir hoy,
mañana, cual nieve,
se esparcirá.
Si queda en el árbol,
flor ya no parece.
18. Crisantemo, flor de otoño
Una vez vivía una mujer de poca experiencia que se las daba de sabihonda. Y cerca vivía nuestro hombre. Ella, sabiendo que a él le gustaba la poesía, queriendo también pasar por elegante, y para lanzarle una indirecta, cortó un crisantemo ligeramente marchito,{*} cuyos pétalos blancos comenzaban ya por los bordes a adquirir un ligero desvaído rojizo, y se lo envió a nuestro hombre con un poema en que fingía no notar este color rojizo, símbolo de la pasión. El cantar decía así:
