Cantares de Ise
Cantares de Ise 77. Montes en primavera
Una vez vivía un emperador que es conocido por estar sepultado en Tamura. Entre sus amantes había una mujer noble llamada Takákiko. Sucedió que murió ésta, y se celebraban sus funerales en el templo budista de Anyó. Todos venían y hacían sus ofrendas fúnebres, de forma que éstas subieron a más de mil. Estaban colgadas de las ramas de los árboles, frente al pabellón del templo, así que parecía que las montañas se hubiesen movido y vinieran a rendir respetos a la dama difunta. Vio el espectáculo Tsuneiuki de Fuyiuara, que era General de la Guardia de Palacio, División Derecha, y cuando acabaron las preces, mandó llamar a los poetas y les dijo: «Hacedme un poema que celebre los funerales de hoy, pero llevando a él el espíritu de la primavera.» Un hombre de edad madura, que era Mayoral de los Establos Imperiales, compuso un poema en el que decía, como si sus ojos le engañaran:
Si todos los montes
hoy se nos acercan,
es porque vienen
para despedirse
de la primavera.
Leyendo ahora tal poema, se ve que no es esencialmente bueno. En aquel entonces fue el mejor que se hizo, y los presentes quedaron impresionados.
