Cantares de Ise
Cantares de Ise 2. Noche y alborada
Una vez vivía un hombre joven. La Corte ya se había trasladado de Nara a la nueva capital, pero aún no se había acabado de edificar ésta, cuando vivía en el barrio occidental una mujer que sobrepasaba en belleza a todas las demás. Y su carácter y simpatía rebasaban con mucho a su hermosura. No parece ser que estuviera del todo libre de compromiso, pero nuestro hombre, aunque pasaba por formal, se las arregló para enredarse con ella. A la mañana siguiente de una de sus visitas nocturnas, y vuelto el joven a su casa, estaba pensando en lo que había pasado la noche anterior. Era esto el día 8 de abril y caía una mansa lluvia primaveral. El joven, pues, le envió a ella un cantar que decía:
Noche sin dormir
y sin levantarnos,
y al clarear
sólo hago yo ver
el llover de mayo.
3. Helecho y lecho
Vivía una vez un hombre. Un día le envió a una joven de la que estaba enamorado un regalo de «helechos de mar», algas comestibles exquisitas. Y con el regalo, un poema:
Si tú a mí me quieres,
vamos bajo techo
