Cantares de Ise

Cantares de Ise

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Una vez, cuando nuestro hombre no era ya tan joven, sus amigos vinieron a visitarle para ver juntos la luna llena del verano. Nuestro hombre recitó:

Dejemos de amarla

sin remordimiento:

la luna, esa,

saliendo y entrando,

nos va haciendo viejos.

[ACTO SEGUNDO: CORAZÓN DE AMANTE (REMINISCENCIAS DE TAKAKO)]

89. Fin de una vida

Una vez un noble se enamoró de una mujer que era aún de nobleza más alta. Y pasaban los años. Dijo él:

Si muero de amor

que nadie ha sabido,

sin fundamento

dirán que algún dios

me había maldecido.

90. Fin de una flor

Érase una vez que un hombre andaba ilusionado con una mujer, y ella se le resistía. Tanto la solicitó que ella, movida a compasión, accedió a recibirle al día siguiente, pero con la condición de tener por medio un biombo. Él se puso muy contento, pero le quedó la duda de si tal vez ella no se volvería atrás de su promesa. Así que le envió un magnífico ramillete de flores de cerezo que llevaba prendido este poema:


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