Cuentos de hadas Rusos

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La canastilla, arrastrada por la corriente y por el viento, fue deslizándose por la superficie como una barquilla, hasta que llegó a un monasterio. Por casualidad estaban los monjes a aquella hora en la orilla extendiendo las redes al sol, y oyeron el llanto de un niño. Adivinaron que el llanto venía de la canastilla, la pescaron, la destaparon y encontraron al niño. Lo llevaron al abad, y así que éste se enteró de que el niño había sido hallado en el mar dentro de una canastilla, decidió que se llamara Basilio el Infortunado. Y desde entonces, Basilio vivió en el monasterio hasta los dieciséis años, creciendo en gracia y fortaleza y en virtud y talento. El abad lo quería porque aprendió las letras con tanto facilidad, que pronto estuvo en disposición de leer y cantar en la iglesia mejor que los demás, y porque era hábil y sagaz en los negocios. Y el abad lo nombró sacristán.

Y sucedió que en un viaje de negocios que hizo Marco el Rico, llegó a aquel mismo monasterio, y los monjes lo recibieron con todos los honores que aconsejaban su opulencia. El abad mandó al sacristán que abriese la iglesia. El sacristán corrió a obedecer, encendió las luces y se quedó en el coro leyendo y cantando. Marco el Rico preguntó al abad si aquel joven se había educado allí desde niño, y cuando el abad se lo contó todo, llegó a la conclusión de que aquel joven no podía ser otro que el niño que él compró. Y dijo al abad:


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