Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos La ballena aclaró la garganta y arrojó las doce naves sin que nada les faltase, y enseguida se puso a dar brincos de alegría moviendo el agua de tal modo que a Basilio, que estaba en la playa, le llegaba a las rodillas.
El joven siguió andando y llegó a la barca. Y el barquero le preguntó:
- ¿Has hablado de mí al Zar Serpiente?.
- Pásame al otro lado y te lo diré.
Y cuando estuvo al otro lado le dijo:
- Le he hablado y dice que al primero que llegue a la barca después de mí, lo empujes hacia la corriente y tendrá que remar toda su vida; pero tú serás libre como el aire.
Después, Basilio llegó a la vieja encina desnuda, le dio un puntapié y el árbol cayó a tierra derribado de cuajo, y debajo de las raíces y en el hueco que dejaron, había plata y oro y piedras preciosas sin cuento. Basilio dirigió la mirada al mar y he aquí que las doce naves de Marco el Rico, que la ballena había devuelto, navegaban viento en popa y en el alcázar de la nave principal estaban los tres ancianos que Basilio encontró cuando fue a entregar la carta a la mujer de Marco el Rico y lo salvaron de una muerte segura. Y los ancianos dijeron a Basilio: