Cuentos de hadas Rusos

Cuentos de hadas Rusos

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Tomás Berennikov estaba horrorizado y se puso a gritar: "¡Socorro! ¡Socorro!" Pero el ejército chino empezó a temblar como si se les echase encima un alud, y se figuraron que les gritaba: "¡Ya podéis correr! ¡Ya podéis correr!", y pusieron pies en polvorosa sin mirar atrás. Pero el veloz caballo los alcanzó y se abrió paso entre ellos, derribando con el árbol a cuantos encontraba al paso y cambiando a cada momento de dirección, dejando así el campo sembrado de soldados.

Los chinos juraron que no volverían nunca más a luchar con aquel hombre terrible, resolución que fue una suerte para Tomás. Volvió a la ciudad a caballo en su rocín y encontró a toda la corte llena de admiración por su valor, por su fuerza y por su victoria.

- ¿Qué quieres de mí, -le preguntó el Zar,- la mitad de mis riquezas de oro y mi hija por añadidura, o la mitad de mi glorioso reino?.

- Bueno, aceptaré la mitad de tu reino si quieres, pero no me enfadaré si me das la mano de tu hija y la mitad de tu tesoro como dote. Pero una cosa te pido: cuando me case invita a la boda a mis dos jóvenes compañeros Ilia Muromets y Alesha Popovich.

Y Tomás se casó con la sin par Zarevna, y celebraron la boda con tales banquetes y festejos, que a los convidados les ardía la cabeza dos semanas después. Yo también estuve allí y bebí hidromiel y cerveza y me hicieron ricos presentes y el cuento ha terminado.


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