Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos De pronto vio que se acercaba por la orilla del mar una Zarevna con muchedumbre de doncellas de compañía, guardias y servidores, y deteniéndose ante ella se quedó observando su trabajo y le entraron deseos de obtener la rueca de plata y el huso de oro.
- ¡Te lo por nada, Zarevna, si me dejas contemplar a Fenist, el halcón radiante!
La Zarevna no quería aceptar esta condición, pero al fin dijo:
- ¡Bueno, ven a contemplarlo mientras duerme después de comer y ahuyenta las moscas de su lado!
Tomó la rueca y el huso de manos de la doncella y se volvió a sus habitaciones. Después de comer embriagó a Fenist, el halcón radiante, arrojando en el vino un narcótico y cuando un sueño profundo lo abatió hizo pasar a la doncella. Esta se sentó junto a las almohadas, y llorando a mares, decía a su amado:
- ¡Despierta y levántate, Fenist, el halcón radiante! ¡Soy tu amada novia llegada de muy lejos. He gastado zapatos de hierro, he roto a pedazos un cayado de acero, he consumido riñones de piedra, y todo el tiempo he ido buscándote, amado mío!
Pero Fenist, el halcón radiante, dormía, sin saber que la hermosa doncella lloraba a su lado dirigiéndole palabras de ternura. Después entró la Zarevna y mandó salir a la hermosa doncella y despertó a Fenist, el halcón radiante.