Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos Echaron a correr a cuál podÃa más, de modo que sólo se les veÃan los talones, hasta que desaparecieron entre los árboles. Pero el Zarevitz Iván no esperó su regreso. Se calzó las botas, se encasquetó el gorro, y con el mantel bajo el brazo se disipó como el humo. Los demonios de la selva volvieron corriendo y no pudieron hallar el lugar donde el Zarevitz habÃa de esperarles. Entretanto, Iván el Zarevitz, a grandes zancadas salió del bosque y vio correr a los demonios por delante y por detrás de él, tratando inútilmente de descubrirlo por el olfato, hasta que empezaron a retorcerse las manos desesperadamente.
Iván el Zarevitz continuó su viaje a grandes trancos hasta que salió a campo llano. Ante él se abrÃan tres caminos y en la encrucijada se movÃa una choza dando vueltas sobre su pata de gallina.
- ¡Izbuchka! ¡Izbuchka! -le dijo el Zarevitz. ¡Vuélvete de espalda al bosque y de cara a mÃ!
Entonces el Zarevitz penetró en la choza y dentro estaba Baba Yaga(*) pata de hueso.
- ¡Uf! ¡uf! ¡uf! -dijo Baba Yaga.- Hasta hoy, un ruso era algo que mis ojos no habÃan visto y que mis oÃdos no habÃan oÃdo, y ahora se aparece uno ante mis propios ojos! ¿A qué has venido, buen joven?
- ¡Oh, abuela despiadada! -le dijo el Zarevitz Iván.- Lo primero que habrÃas de hacer es alimentarme bien; después pregunta lo que quieras.