Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos - Descansa, ya tengo bastante -gritó el hijo del comerciante.- ¡Gracias por tu trabajo, y adiós!
- ¿Y yo qué hago?
- ¿Tú? Ya te arreglarás como puedas. Noventa y nueve como tú han perecido en esta montaña. Contigo serán cien.
Y esto dicho, el hijo del comerciante se dirigió al castillo con los veinte carros, se casó con la hermosa doncella, la hija del comerciante único entre setecientos, y dueño de todas las riquezas que éste habÃa amontonado, fue a vivir a la ciudad con su familia. Pero el comerciante único entre setecientos, se quedó en la montaña, donde los cuervos de acerado pico mondaron sus huesos.