Dhammapada
Dhammapada APETENCIAS
334-337
Si un hombre no aspira al nirvana, sus apetencias crecen como la yedra y salta de muerte en muerte como un mono en el bosque de un árbol sin fruto a otro.
Y, cuando sus apetencias lo dominan, sus penas aumentan cada vez más, como la enredadera llamada birana.
Pero quien en este mundo domine sus apetencias egoÃstas se verá libre de penas, como las gotas de agua que caen de una flor de loto.
AsÃ, pues, con amor os digo a todos cuantos habéis acudido aquÃ: cortad las ataduras a los deseos, como se corta la enredadera llamada birana para obtener su fragante raÃz llamada usira. No seáis como una caña junto a un rÃo, que mara, el diablo de la tentación, aplasta una y otra vez.
338-343
Asà como un árbol, pese a haber sido talado, puede volver a crecer una y otra vez, si sus raÃces están intactas y son fuertes, asà también, si las raÃces de las apetencias no han sido arrancadas totalmente, las aflicciones volverán una y otra vez.
Cuando los treinta y seis rÃos de las apetencias de un hombre sin juicio, cuyas imaginaciones son deseos libidinosos, corren, pujantes, hacia los placeres, sus potentes olas lo arrastran.
