El carnicero de Sarospatak
El carnicero de Sarospatak Semanas después de la muerte de Blumendorf, un puñado de periodistas que habÃan obtenido la primicia del viaje de Guillermo Möller, se apiñaban alrededor de él que embarcaba solo hacia Europa.
—Señores —decÃa Möller en el aeropuerto de Ezeiza, —viajo a Europa a participar del encuentro anual de la casa matriz que se desarrollará en Múnich. Les agradezco a todos y a cada uno de ustedes que vengan a despedirme, pero yo no soy nadie, solo un ejecutivo argentino a cargo de la sucursal de una empresa alemana. Entiendo que los convoca que deje el paÃs semanas después del suicido de Blumendorf, pero no veo razones para este reportaje ni para esta despedida. Los dejo porque que se me va el avión, nuevamente gracias y a su disposición...
Casi al mismo tiempo, sonó el timbre en el departamento de Lea RubÃn.
—Hola ¿quién es? —preguntó Lea por el contestador.
—Hola, soy un amigo de Ernesto, le vengo a dejar un sobre de parte de él. Tengo que entregarlo en mano.
—No, vos sos Ernesto, te reconozco por la voz...
—Bueno Lea, no te bancás una joda. Bajá un minuto que tengo algo para vos.
—Me voy a asomar por la ventana, quiero ver que estés solo y sin ninguna combi para llevarme...
