El carnicero de Sarospatak
El carnicero de Sarospatak Domingo a la mañana. Mientras desayunaban en la posada, la propietaria se acercó a Guillermo y le comentó que lo estaban llamando por teléfono. Guillermo se acercó al mostrador y habló brevemente por teléfono. Volvió a la mesa y le dijo a Lea:
—Andá terminando que nos tenemos que ir, pasá por tu habitación y traete un abrigo por favor.
Lea dejó el desayuno como estaba y rápidamente fue a la habitación por su pasaporte y un abrigo, más que necesario. Subieron al vehículo que había alquilado Guillermo y apenas saliendo del pueblo, se detuvieron junto a un automóvil que los esperaba detenido sobre la banquina. Del mismo bajó un hombre maduro y subió al auto de Guillermo, ubicándose en la parte trasera. Los saludó secamente en alemán y comenzó a dar indicaciones. Lea miró fijamente a Guillermo y este le dijo:
—Es nuestro guía, no te preocupes.
