El carnicero de Sarospatak
El carnicero de Sarospatak Luego de una sencilla cena consistente en deliciosos fiambres y queso caseros, acompañados con pan y agua que le fue servida en la sencilla habitación sin ventanas que le había sido asignada, Lea trató de recapitular todo lo que había pasado en esas horas. Se concentró en lo que Bormann o quien fuese le había dicho: las tres noticias. Transcribió todo lo que se acordaba de la charla. Sintió que se olvidaba de cosas por lo cual trató de concentrarse en lo más importante. Hizo mentalmente innumerables listas hasta que se dio cuenta lo que le había querido decir. Las tres noticias estaban ahora claras. La primera es que había sido secuestrada por un comando nazi-militar, la segunda es que Martin Bormann estaba vivo y en la Argentina, y la tercera y última, que Jochim Blumendorf era mínimamente un farsante.
Trató de conciliar el sueño, algo que pudo hacer rápidamente.
Sintió los golpes en la puerta y Ernesto que le gritaba desde fuera.
—Buenos días, vestite que voy a entrar.
—Pasá, estoy vestida —le dijo Lea, quien se había dormido vestida y desconocía la hora que era. Miró su reloj pulsera, 10:30 hs, sábado.
Inmediatamente ingresó Ernesto con una taza de mate cocido y unas galletas de campo. Dejó la bandeja sobre la mesita y le dijo:
