El carnicero de Sarospatak
El carnicero de Sarospatak En una agencia de remises en Ciudadela, localidad colindante con Buenos Aires, se presentaron dos hombres con aspecto de extranjeros y muy desalineados. El más joven de ellos, en un precario español, les pidió si podían utilizar su teléfono, a lo cual accedieron. Luego les solicitó el número telefónico del hotel Sheraton, mientras el otro, anciano, se dejó caer sobre un sucio y viejo sillón ante la mirada atónita de la desprolija mujer que manejaba la agencia. Con un gesto de comprensión internacional, el anciano le pidió un cigarrillo. A los diez minutos, un ulular de patrulleros de la Policía Federal inundó la zona y cortaron la calle.
Jochim Blumendorf y su guardaespaldas Haroun habían sido liberados.
En el hotel Sheraton de Retiro se dieron cita decenas de periodistas y medios de comunicación, al mismo tiempo que dos periodistas alemanes se encontraban haciendo el check-in en el lujoso establecimiento. Estos observaron el movimiento, dejaron sus pertenencias en su habitación y volvieron a bajar al lobby, donde se sentaron a leer diarios en inglés en los mullidos sillones, rodeados de turistas estadounidenses despreocupados.
