Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Mi dulce compañero —le responde Galahot suspirando—, mi bello amigo, si supierais con qué orgullo fue edificado os darÃais cuenta de la verdad de vuestras palabras. Cuando lo construÃ, pensaba en llegar a ser señor de todo el mundo: es algo admirable, y al decÃroslo os manifiesto mi locura, pues el orgulloso sube rápidamente y cae con la misma rapidez; yo pensaba llevar a cabo una gran desmesura con extraordinaria jactancia, y ha sido mucho lo que me ha quedado por hacer. En la muralla y en la torre hay ciento cincuenta almenas, contadas, y pensaba hacer vasallos mÃos a ciento cincuenta reyes; y cuando los hubiera vencido, me los hubiera traÃdo a todos a este castillo, en el que me hubiera hecho coronar, y en honor mÃo todos los reyes habrÃan llevado sus propias coronas, de forma que mi corte serÃa más rica que la de cualquier otro rey y todo el mundo hablarÃa de mà después de mi muerte. Y pensaba haber hecho otra cosa además: sobre cada almena del castillo habrÃa un candelabro de plata del tamaño de un caballero con muchos brazos; en lo alto de la torre habrÃa hecho colocar un candelabro de oro de mi estatura. El dÃa de mi coronación, a partir de la cena, todas las coronas de los reyes que habrÃan sido vencidos por mà serÃan colocadas sobre los candelabros, y la mÃa la pondrÃa en el de la torre, que todavÃa se puede ver allÃ. De tal forma estarÃan todas las coronas en las almenas hasta la noche; entonces se colocarÃa un cirio en cada candelabro, tan grueso y tan bien encendido que no podrÃa ser apagado por ningún viento, y las velas de las almenas arderÃan hasta la llegada del dÃa. Mi corte serÃa tan hermosa y tan rica, que se hablarÃa de ella durante el resto del tiempo, y mientras durara, las coronas estarÃan en los candelabros durante el dÃa, y por la noche serÃan sustituidas por los cirios. Sabed que desde que se construyó el castillo no entré en él nunca tan triste como para no salir contento; por esa razón me dirijo ahora a él, pues necesito más que nunca que Dios me envÃe alegrÃa en esta ocasión.