Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Así defiende Claudás la puerta con el hacha que corta con suavidad. Cuando el sobrino de Farién, que era valiente y esforzado, vio que maltrataba de tal forma a su gente y que les causaba tanto daño, se encolerizó en su corazón; montaba un caballo extraordinario e iba completamente armado: el yelmo en la cabeza, el escudo al cuello, empuña una lanza de asta corta y gruesa, y de punta afilada. Pica con las espuelas al caballo y galopa directo hacia Claudás, que está en la misma puerta; ha apuntado bien y lo hiere, pasando y rompiéndole la loriga en el hombro izquierdo. El hierro, que era agudo, y cortante, le entra atravesándole el hombro de parte a parte, a pesar del otro doblez de la loriga, de forma que la punta y parte del asta le salen por el otro lado. Le empuja con toda la fuerza de su brazo y con el ímpetu del caballo lo derriba, pero antes de caer se apoya en una pared junto a la puerta. El sobrino de Farién lo golpea con tanto vigor que la lanza entera vuela hecha pedazos, y el caballo, que no pudo detenerse porque iba muy veloz, chocó contra el muro con la cabeza, el pecho y las patas, partiéndoselo todo, cabeza, cuello y pecho, y por poco no se mató también el jinete. El caballo cae muerto y el sobrino de Farién queda aturdido en el suelo. Claudás estaba herido, apoyado en la pared, con el asta que le sale por delante y por detrás, y la roja sangre que le mana por los dos lados y por los dos agujeros, hasta el suelo; antes de que pudieran cogerlo del sitio en el que está, lo hieren más de cuarenta con flechas, cuadrillos y piedras grandes y pequeñas, de modo que cae de rodillas.