Historia de Lanzarote del Lago

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Luego, le quita el yelmo de la cabeza para que tome un poco de aire y lo deja tumbado junto a la capilla. Héctor toma el escudo, desenvaina la espada y entra en el cementerio dirigiéndose a grandes pasos hasta la tumba ardiente; pero no ha avanzado mucho cuando siente los golpes en el yelmo y en el escudo, y cae aturdido al suelo. Se levanta rápidamente, como hombre de gran valor, pero cuando iba a ponerse en pie, vuelve a caer al suelo, porque no puede resistir los abundantes golpes que descargan sobre él: se encuentra en tal estado que no puede enderezarse de ninguna manera y permanece tumbado en el suelo como si estuviera muerto. Si mi señor Galván había sido golpeado y pateado, más lo fue Héctor, porque permaneció más tiempo allí que mi señor Galván; luego, se encontró a la entrada de la capilla. Se quedó sorprendido, pero no pudo hacer otra cosa, pues estaba tan cansado y agotado que apenas podía abrir los ojos. Al cabo de un rato, se levanta y mira a su alrededor, como si hubiera estado dormido, y ve a la entrada de la puerta unas letras que decían: «No entrará nadie en este cementerio que no se vaya afrentado, hasta que venga a él el hijo de la Reina Dolorosa».





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