Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Noble hombre, por Dios, tened piedad de mÃ, de este castillo y de los que en él están que os piden compasión; no me causéis mayor daño del que ya me habéis hecho y deteneos por Dios y por vuestra alma: me habéis causado tal pesar en este dÃa, que me habéis matado a mi padre y a un hermano mÃo que era un buen caballero, y a otro lo habéis herido tan gravemente que no creo que pueda librarse de la muerte: por eso me parece que cometerÃais un gran pecado si continuarais haciéndome daño.
Cuando Lanzarote ve a aquella que le pide piedad tan humildemente, llorando y echada a sus pies, siente gran compasión, la toma por los brazos y la levanta del suelo diciéndole:
—Doncella, si os he causado tan gran daño como decÃs, sabed que lo siento; os ruego por mi amor y por toda franqueza que me lo perdonéis a condición de que a partir de ahora no os dañaré más ni a vos ni a nadie de los vuestros, con tal de que los reconozca.
—Señor, gracias quinientas veces; os perdono todo, ya que no se puede reparar.
—Mostradme al caballero por el que vine aquÃ, pues quiero verlo desarmado.
—Señor, está tan malherido que no podrá venir, pues lo habéis dejado en tal situación que no creo que pueda volver a levantarse en la vida.
—Id y hacedle saber que tengo ganas de verlo.